¿Qué es exactamente la puntualidad?

¿Qué significa ser puntual? ¿Es importante serlo?

Entre los que creen que tenemos que vivir más relajadamente y los que consideran que no podemos desperdiciar ni un minuto, encontramos una amplia variedad de comportamientos cronémicos, es decir respecto al uso del tiempo. Y sabemos por experiencia que el concepto de puntualidad varía según la persona y la cultura.

¿De qué depende que uno sea muy organizado, estricto en el cumplimiento de plazos y horarios, rápido en realizar las tareas, puntual en las citas, o todo lo contrario?

En gran parte depende de la cultura en la que le ha tocado vivir. El antropólogo Edward T. Hall nos habla de culturas monocrónicas y cultura policrónicas. Las primeras tienen un concepto lineal del tiempo y consideran que es un bien escaso. Están enfocadas a la productividad consideran una falta de respeto y una falta de profesionalidad no cumplir los compromisos en el plazo acordado. Conciben el paso de los días y las horas como una pérdida que nunca se podrá recuperar, por ello es tan importante aprovecharlos, tanto en lo social y privado como en lo profesional. Suelen ser culturas que han realizado la revolución industrial y que llamamos desarrollados. La mayor parte son de la cultura occidental. Son claros exponentes de este comportamiento la cultura anglosajona, centro y norte europea y algunos países orientales como Japón, Corea o la China más industrializada.

Las sociedades policrónicas entienden el tiempo como algo más flexible. Priorizan las relaciones personales a la productividad y al cumplimiento estricto de los horarios. Agendas y plazos son orientativos y todo el mundo funciona a otro ritmo aceptando unos tácitos márgenes de tolerancia respecto a la llamada “puntualidad”. Los países árabes, orientales, africanos en general y Latinoamérica están en este grupo, aunque cada uno con sus peculiaridades y en diferentes niveles.

Pero el mundo tiende a ser monocrónico. Si una persona o empresa de área policrónica desea relacionarse internacionalmente  tendrá que adaptarse a los parámetros de comportamiento “universal”. Es uno de los efectos de la globalización. Y esto es lo que nos está pasando en España – de tradición mediterránea, bastante policrónica- y en todo el mundo latinoamericano. Estamos en una época de transición donde tenemos todavía conductas bastante relajadas en cuanto al cumplimiento de tiempos y plazos, tanto en la vida personal como profesional. Y es frecuente encontrar distintas concepciones de “puntualidad”: mientras para unos es llegar antes o en punto, para otros se puede sobrepasar la hora en un margen de diez minutos. Es un reflejo de una sociedad todavía muy diversa en cuanto al concepto y el uso del tiempo.

Es un tema que afecta nuestra vida cada día y cada segundo de nuestra existencia. Pero por desconocimiento se ignora las importantes repercusiones que tiene en nuestras relaciones, en nuestra salud y en nuestra productividad personal. Debería tenerse en cuenta cómo se educa esta conducta en las escuelas, cómo afecta en la vida familiar y en la organización de las empresas.

Traté este tema en un capítulo de mi libro Manual de la comunicación personal de éxito. Y puedes ver el vídeo sobre la puntualidad del programa “A Punto con la 2” de TVE del día 9 de mayo de 2016.

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