Ensayar una presentación te acerca al éxito

10 razones para ensayar cada nueva presentación

Así, entiendo que cada vez que presente una ponencia la tengo que ensayar? Josep, científico de Sabadell, uno de los alumnos del curso de oratoria de ayer se sorprendía cuando yo afirmaba que el ensayo es imprescindible para hacer un buen papel en escena.  Cierto es que nos gustaría evitar “perder” el tiempo, tan escaso, dedicado a un ensayo. Pero sin duda es una buena inversión;  los resultados merecen la pena.

De verdad, Josep. Ni las mejores habilidades personales pueden sustituir una buena preparación, que incluye -como mínimo- un ensayo completo. ¿Las razones? Por lo menos éstas:

  1. No es lo mismo “pensar” que “decir”. Verbalizar nos obliga a concretar, a encontrar las palabras adecuadas,  aconstruir frases correctas y a encontrar un orden coherente. Si lo decimos por primera vez cuando tenemos al público delante, corremos el riesgo de no expresarnos de forma óptima y traicionar nuestro pensamiento.
  2. Podrás mejorar el contenido. Detectarás si te falta información, ejemplos, datos, complementos visuales, etc.
  3. Es la única forma de saber el tiempo que necesitas para decir todo lo que has preparado.
  4. Te permite  contrastar si lo que habías pensado que dirías es comprensible para el público. Te tienes que poner en su lugar.
  5. Pondrás a prueba los apoyos audiovisuales como el powerpoint y verás si se adapta al contenido.
  6. Te familiarizarás con la presentació en powerpoint: coordinación entre imágenes y explicación, ritmo, etc.
  7. Después de un primer ensayo, puedes revisar tanto el powerpoint como el guión que te hayas preparado.
  8. Te dará seguridad. Tendrás el discurso mucho más trabajado y, cuando estés ante el público, podrás centrar la atención en “lo que dices” y en “cómo lo dices”.
  9. Podrás mantener el contacto visual con tu público ya que evitarás muchos movimientos oculares propios de la improvisación, que desvían la mirada.
  10. Mejorarás mucho tu lenguaje corporal y la voz. Grábate, obsérvate, escúchate y corrígete. Trabaja la “teatralidad”.

Ah, y si te atreves, pide a tu familia o a tus amigos que se pongan de público para que aporten sus comentarios. Acepta las críticas con deportividad y no te enfades. Ésto sí que no merece la pena.