Detectar a tiempo la violencia de género a través de las señales no verbales

En este vídeo veremos los indicios no verbales más frecuentes de la violencia de género. Una buena parte de ellos son comunes en la violencia doméstica o en el acoso laboral o escolar. Pero también veremos que hay muchos comportamientos característicos de la violencia machista, la llamada violencia de género, es decir, la que ejerce un hombre hacia su pareja mujer.

Si bien la violencia también puede ser verbal, – de hecho, conviven y a veces son inseparables- la no verbal es más difícil etiquetarla como violenta, se tolera, incluso llega a pasar desapercibida por la víctima y su entorno. Un insulto o una humillación con la palabra son una muestra de maltrato y está claro para todo el mundo porque la palabra es un código compartido y, cuando el significado es explícito, la intencionalidad es evidente.

En cambio, en el terreno de lo no verbal, especialmente en los inicios de una relación, el maltratador puede actuar a base de poses, miradas, gestos, tacto, proximidad o distancia física que son más difíciles de explicar por parte de la víctima. También son más difíciles de percibir por las personas del entorno. La víctima puede llegar a creer que forma parte de una comunicación normal y el agresor siempre puede eludir las acusaciones diciendo que son imaginaciones de la víctima.

La mayor parte de las mujeres que se ven envueltas en una situación de abuso, al principio de la relación lo toleran o lo aprecian como propio del comportamiento masculino, especialmente si han crecido en un entorno machista. Pero estos primeros pasos son solo el principio de una escalada de violencia que en algunos casos puede llevar a la muerte.

A pesar de la tarea de concienciación y educación que se lleva a cabo desde muy diversas instituciones, los casos de violencia de género están lejos de disminuir. Y es alarmante que muchos se den entre jóvenes, incluso adolescentes, en las primeras relaciones sentimentales.

Las primeras relaciones de pareja dejan en cada persona una experiencia que condicionará las relaciones posteriores. Se asumen unos roles y una posición determinada en la relación y muy probablemente se irán reproduciendo estos patrones a lo largo de la vida. Por ello es tan importante concienciar desde la adolescencia de la importancia de una relación de igualdad, de respeto y libertad para cada uno de los miembros.

Nos podríamos preguntar cómo le puede gustar a una chica o a una mujer un hombre que limite su libertad, la maltrate psicológicamente y hasta físicamente. Visto desde fuera parece algo absurdo. Pero hay que tener en cuenta muchos factores que condicionan tanto el comportamiento agresor como la posibilidad de acabar siendo víctima. Uno de ellos es que la violencia no se ejerce de manera clara y evidente desde el primer día.

Al principio de la relación estos chicos suelen ser cariñosos, atentos, grandes seductores. Los primeros indicios van llegando poco a poco cuando parece que la relación se va consolidando. Y van mezclando una de cal otra de arena. Algunas actuaciones se pueden confundir con señales de amor o de cariño, de protección, pero en realidad son señales de voluntad de control, posesión o celos.

No se llega a la violencia de los gritos, los golpes, las amenazas en el primer día de una relación. Antes de llegar a este estadio ha habido señales de todo tipo que nos pueden poner en alerta, tanto si somos la víctima como si somos alguien del entorno. Por ello es fundamental leer los mensajes incipientes, que suelen ser no verbales.

Hay que insistir en la necesidad de una educación para la comunicación no violenta, en la que tiene un lugar destacado la comunicación no verbal, para evitar que haya agresores y sobre todo para que las potenciales víctimas no lo lleguen a ser.

violenciaPtodosla2

Más sobre gestos de la violencia de género en este video del programa A punto con la 2 de TVE (18/7/16).