Justicia y distribución del espacio

En mi último artículo hablaba de la necesidad de los humanos de defender su territorio, su espacio personal, que les garantiza al mismo tiempo seguridad y libertad.

Como un buen ejemplo de la relación entre espacio y poder, podemos analizar ahora la situación que se da en salas de juicio francesas desde finales del 2016 y que ha generado polémica y multitud de protestas por parte de los abogados.

Se trata de la instalación de “boxes vitrés”, cajas de cristal blindado –ya popularizadas como “jaulas” de cristal- donde permanece la persona acusada durante el juicio.

Uno puede pensar que es una buena idea, puesto que algunos de los acusados pueden tener una actitud agresiva, pero las estadísticas dicen que solo en 88 de 700.000 juicios ha habido algún incidente. Y si se esgrime el riesgo de atentado, lo lógico sería que toda la sala, estuviera protegida bajo la campana de cristal. Parece ser que la verdadera razón es el ahorro en los escoltas que impiden la evasión del acusado.

¿Qué diferencia hay entre ser escoltado y estar en un recinto cerrado?

Mucha. Cuando se presenta escoltado, sigue formando parte del escenario, tiene facilidad de comunicación y se presenta todavía libre.

En cambio, en el momento en que queda apartado y encerrado, ha perdido ya, aunque sea simbólicamente, la libertad.

Quien ha tomado la decisión en el Ministerio de Justicia, ¿ha tenido en cuenta las implicaciones de instalar esta barrera física entre el acusado y el resto de la sala? Si la idea solo pretendía reducir costes es evidente que los responsables no conocen los efectos del entorno en las personas y en las relaciones. Esto es grave. Pero lo es todavía más si se ha hecho de forma consciente y planificada.

Este es un ejemplo muy claro de por qué los profesionales tienen que estar formados en comunicación en general y en comportamiento no verbal en particular. Porque evidentemente, las consecuencias de esta medida trascienden la pura cuestión práctica de la seguridad. En los resultados de un acto de comunicación, cualquier detalle importa. Y los ministerios están llenos de políticos y funcionarios que tienen en sus manos el poder de decidir cómo se influye, o cómo se manipula. Aunque muchas veces no sean conscientes de ello.

No es extraño que un gran número de juristas, especialmente del SAF (Sindicato de Abogados de Francia) hayan expresado su desacuerdo con esta medida. Según ellos afecta directamente la presunción de inocencia y describen estas “boxes vitrés” como jaulas que ya no tienen razón de ser en el siglo XXI y que denigran a la persona porque la tratan como a un animal.

La arquitectura modela las relaciones que en ella habitan. La distribución de los espacios marca jerarquías y responsabilidades; administra autoridad y solemnidad, favorece o impide la confianza. Sabemos que para dominar hay que tener más espacio y estar en un plano superior. Esto ya era así hasta ahora: el juez dominaba la sala. Ahora se añade un elemento más: se reduce más el espacio del acusado y se le aísla.

¿Cómo afecta al acusado estar en una “jaula”?

La barrera que delimita el espacio reducido, aunque sea transparente, provoca una sensación de aislamiento, de separación y reclusión. El cristal blindado obliga a utilizar micrófonos para comunicarse con el exterior. La separación física y las posibles dificultades en la comunicación aumentan el grado de ansiedad, más cuando lo que está en juego es el veredicto y tu futuro. El acusado tiene de curvarse para hablar al micrófono en una posición no solo incómoda sino de sumisión.

Esta distribución del espacio hace menos democrática y menos humana la justicia. Y, dado que muy probablemente se divulgarán imágenes del juicio en los medios, se refuerza la idea de culpabilidad ante la opinión pública y una imagen humillante del acusado que puede ser, finalmente, declarado inocente.